fbpx

Un ilusionante proyecto de coalición (o el día que todo es un poco más fácil y tienes que reencontrarte contigo misma)

Hay mujeres que se olvidan de hacer tortilla con cebolla, de suscribirse a basura gratis, de sus amigos y amantes, del rubor.

Hay mujeres que ya no le dan vueltas a aquel disco sin pies ni cabeza, al proceso de la clorofila, a Dios y a los motores hidráulicos. Al sabor del sexo oral en el Medievo.

Hay mujeres que no recuerdan aquella copa de tinto de miércoles tarde,

ni las fiestas en la terraza,

ni las verbenas para dos,

ni ser felices tumbadas al sol.

Incluso hay mujeres que, después de un tiempo alejadas de sí mismas, empiezan a temblar cuando tienen que hablar en público, conducir, estar quietas. Hay mujeres que no recuerdan lo que son, lo que les gusta, lo que les identifica.

[Afortunadamente,

también hay mujeres

que no se pierden

en el proceso de maternidad.

Pero volvamos a las que se pierden].

Estas mujeres, después de unas semanas, meses o años, tienden a reencontrarse.

Un día

hay un poco de silencio,

un poco de espacio.

Un día todo se calma

(un pelín).

Y entonces, después de meses o años, se cruzan con la mujer que fueron.

Te cruzas con la mujer que fuiste

y resulta que ya no es la que eres. Y te da un poco de vergüenza, en primera instancia. No sabes bien de qué hablar con ella, no quieres parecerle un coñazo, pero tampoco puedes ocultarle que ya no eres tan divertida como antes, que llevas las gafas sucias, flequillo mal y los ojos sin pintar. Que, aunque ella no lo entienda, el momento más increíble de tu vida de últimamente fue cuando tu hijo aprendió a dar besos. Que ya no hablas en hipérbole ni envías frases rompealmas. Que el último libro que leíste fue “El lobo estepario” como en 1978, que ya no tienes resacas. Que te la suda Tinder y piensas que tu madre no estuvo tan mal.

Pero también resulta que a ella, contra todo pronóstico, tu nuevo mundo no le parece tan una mierda. Y te recuerda que es simpática, empática, comprensiva. Que es dulce, que no solo piensa en hacer el gilipollas. (Aunque también; y tú también). Que le gusta música muy guay, y que en estos últimos años, vuestrxs cantantes favoritxs han seguido sacando discos, y que siguen molando como antes, si no más. Y te muestra que, en realidad, no te has perdido tanto, porque siempre te gustó la literatura consolidada. Y te desempolva aquel párrafo de aquel libro que tanto te emocionaba, y tú lo resaboreas y entiendes que ahora te despierta otros sentimientos, más taimados, igual de interesantes. Y el regusto sigue ahí.

Y entonces, te das cuenta de que estabas confundida, de que sí que seguís siendo la misma, de que siente como tú. Y que tú sigues aquí, que no has muerto, que has sufrido una digievolución. Que has crecido. Que se puede integrar lo que has sido con lo que eras, que todo junto es lo que eres, y que no quieres renunciar a nada. Que, como antes siempre, lo sigues queriendo todo.

Y así comienza tu proceso de reconstrucción. Con los mismos cimientos, con un par de upgrades y reparando algunas actualizaciones fallidas que generaron errores en el sistema, con los mismos valores y gustos, pero una perspectiva ampliada, empiezas a recolocar. A reubicarte, a reconocerte, a inventar lo que quieres ser, a revelar lo que eres ahora. Porque ahora, sí que sí: unidas podremos construir juntas este

ilusionante

proyecto

de coalición.

A ver qué tal.

 

Este artículo está dedicado a e inspirado por mi (maravillosa) amiga Isa.

 

No hay comentarios

Enviar un comentario