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me quiero divorciar

Te quieres divorciar

Pero ya desde que estabas embarazada. Le odias. Es la persona más mezquina que has conocido. Es hostil, perezoso, no te da cariño, ha envejecido, no tiene ilusión, no trata al bebé lo suficientemente bien, es egoísta, zarrapastroso, está en otro planeta y no te imaginas una opción más asfixiante que pasar toda la vida al lado de alguien que te limita tantísimo. No te gusta el ejemplo que le da a vuestro/a hijo/a a muchos niveles, y crees sinceramente que te equivocaste de persona para formar una familia.

Todo esto lo podrías escribir, aproximadamente, cada 10-12 días. Luego se te pasa, relativizas, piensas que es cuestión de encaje y de aprendizaje, hablas con otras madres, os reís, lloráis, os desesperáis, dudáis juntas, os dais aire y seguís adelante. Ves que a otras les va igual de mal y te tranquilizas. ¿Eres un asco de persona? Les preguntas a ellas: también les consuela el desconsuelo ajeno. Os hace pensar que no sois raras, no sois pringadas, no sois gilipollas, no habéis renunciado a todos aquellos valores en los que creíais. Entonces, ¿qué pasa?

Mi teoría es que nos hemos ido autoeducando en la igualdad y ellos no tanto; que nosotras hemos revisitado todo aquello que vimos y vivimos en nuestros padres, como pareja, que no nos gustó; lo hemos cuestionado y hemos asumido que en nuestras parejas ya estaría superado… Mal. Lo cierto es que el momento de la maternidad y la paternidad es la hora de la verdad, que el “sí, cariño, yo estoy dispuesto a coger la reducción de jornada”, el “pues a él le gustan más los niños, si por él fuera ya lo habríamos tenido” y todos esos lugares comunes se desvanecen en cuanto aparece la criatura. Que, al final, estamos en desventaja porque nosotras, como me decía mi madre, vamos a actuar por amor a nuestros bebés, y siempre haremos lo que consideremos mejor para ellxs, incluso si eso nos lleva a una situación de carga mental devastadora y a un escenario de desigualdad que ni en nuestras peores previsiones habríamos imaginado/aceptado en el pacto de pareja que establecimos previamente.

Llegado el momento, nada es como pensábamos. Entonces, ¿qué? ¿Te separas y ya? Qué va. Le quieres. Te quiere. Tenéis un proyecto. Tú ya le le conocías. No quieres privar a tu hijo de estar con su padre y su madre. Pero piensas que vas a estar mejor. ¿O te vas a sentir sola? ¿O más libre? Y así todo el día, vuelta la burra a la linde.

Ante esta situación, el mejor consejo me lo dio mi amiga Raquel: no te separes en los tres primeros años (obviamente, estamos todo el rato hablando de parejas sanas y estables). Luego ya se verá. La falta de sueño no es amiga de las buenas decisiones. Necesitas manos para cuidar a tu hijo. Todo está revuelto por un terremoto y no se ve, se siente ni se piensa con claridad.

Así que eso hago yo cuando resurge el cabreo quincenal. Pensar en el tema de los tres años y seguir para adelante. Centrarme –cuando se me pasa- en los momentos buenos de pareja y de familia (que son muchos, muchísimos, y me hacen inmensamente feliz) y tomar distancia cuando me desespero, hablar con otras madres, salir sola, desayunar en un sitio bonito, escribir y tirar para adelante.

Y vosotras, ¿os habéis llevado sorpresas con vuestra pareja al ser madres? ¿Cómo habéis reaccionado? ¿Nos podéis aconsejar? ¿Nos podemos ayudar?

Abrazos, besos, ánimo a todas.

2 Comentarios
  • Cris
    Publicado a las 22:42h, 06 septiembre

    joder que bien has definido todo lo que pienso mil veces al día jajaja yo de hecho he sido mi propia amiga Raquel y me he dicho “espera 3 años y si todo sigue igual a la mierda” reconforta saber que no eres la única que se siente así…

  • Nicolasa
    Publicado a las 10:23h, 09 septiembre

    Jajajaja, ¿y qué tal te ha ido?

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