fbpx

Qué música le pongo a mi bebé para dormir

No sé vosotres*, pero yo siempre pensé que iba a ser una madre súper enrollada. Ahora mismo, leo la forma en que lo he expresado y ya me doy cuenta de lo pardilla que soy. ¿Quién dice en 2019 “súper enrollada”? Por favor, vas camino de trapear por casa mientras tu hijo, adolescente perdido, le dice a su amiga que siempre le estás avergonzando y que crees que eso es moderno, que estamos en 2035, mamá, que Rosalía es de viejas y tú ya eras vieja cuando se llevaba Rosalía. No me abochornes más, te lo suplico.

Bueno, total. Que yo siempre pensé que iba a ser una madre guay (guay aún se dice, ¿no?), y tenía claro que le iba a poner a mi hijo exclusivamente música genial. Exquisita. De un buen gusto encantador: mis piezas favoritas de música clásica, los clásicos del rock, punk e indie internacional, algunos cantautores y poetas sublimes, Morrissey a saco… Nicolás diría antes “we can be heroes” que mamá-caca, y llevaría camisetas de Erasehead, pero no vería una pantalla encendida hasta que le saliese el vello púbico y ya no supiese qué hacer con él. Yo con mi hijo, no él con su vello, aunque también.

¿Qué ha quedado de todo eso?

Tiendo a pensar que disfruta Wilco, que se come los libros (literal) y que una vez puso cara de asombro con un vídeo de los Punkitos, pero es todo medio mentira. A Nicolás le flipa subirse por la calle en las motos de alquiler y en casa a la roomba, que le rujamos de repente y que le huelan los perros la nariz y sus padres los quesos. Y, en lo cultural, le molan (y poco) los cantajuegos y Pocoyó. Creo que valora a Satie, pero por agotamiento. La lista que su mamá más veces ha escuchado este año es “Música para dormir bebés”, un recopilatorio de canciones sencillísimas y tranquilinas para ir bajando revoluciones, cosa que no consigo con Nacho Vegas, que le es absolutamente indiferente. Creo que tiene dos canciones favoritas para bailar: “Contando lunares”, de don Patricio, y “La riva bianca, la riva nera”, de Iva Zanicchi, y le gusta darse manotazos cuando le canto la de “daba la mocita en su cabecita”. Y, si habláis con su padre, os dirá que le motivan La Polla Records y Lehendakaris Muertos, pero no sé yo. Él le lee para dormir la biografía de Los Suaves.

Cuestión.

Que pensando sobre todo esto, y poniéndome en modo control freak, valoraba el otro día la idea de crear una lista de reproducción con LAS CANCIONES DE LA VIDA DE NICO. Porque, yo que he sido melómana de siempre, que soy de esas pesadas que hablan en trozos de canción, cuando duermo a mi hijo, me salen las canciones que mi madre me cantaba a mí de pequeña. Y las que escuchaba yo de niña y adolescente. ¿Por qué? Ni idea. No se me ocurre tararearle referencias descubiertas después de los 90, ya con un poco de criterio. Le canto “remírame morena, yo te remiro porque eres muy bella y quiero que vengas conmigo a la guerra” (Nico, perdona a tu madre), y todo el repertorio de Ismael Serrano. Le canto “yo tenía una casita pequeñita en Canadá” y el “Física o Química” de Sabina al completo. Le canto Manu Chao, los Panchos, los Cucas (los de “esta es la última carta que voy a escribirteeee”) y Extremoduro. Le canto Laura Pausini a saco y algo de Nek y Take That. Le canto, de hecho, una versión de «Laura no está» en inglés que compuse yo en BUP. Porque yo hice BUP.

Entonces, pienso que esas van a ser sus referencias musicales de niño y que él las perpetuará con sus hijxs (si tiene) y me digo: ¿no será mejor que controle un poco lo que le canto, para que ya crezca con un pelín de tendencia a la belleza?

Y luego esto me lleva a dejar de creerme el conductista ese chungo que metía a todos los niños en cunas al nacer y decía algo así como “dadme un niño sin criar y lo convertiré en un asesino o en el rey del universo”. Esta cita es inexacta, pero era algo similar. En cuanto termine el texto busco y pego el nombre y la cita.

¿Queremos controlar más de lo que podemos o debemos?

¿Nos volvemos muy loquers con este tema? Porque no vamos a convertir a nuestro bebé en un hombre machista por cantarle canciones de otro siglo (¿o sí? ¿hasta qué punto?), y no podemos apartarle de todas las referencias culturales que no nos gusten. Nosotras mismas hemos crecido en una sociedad heteropatriarcal mamachichista y antimaricas, pero también con Enid Blyton, Coleta la poeta y todo Gloria Fuertes, Aute y Silvio, Almodóvar, “Todos los caballos bellos”, Julio Iglesias y sus hijes, Jane Austen, “Los problemas crecen”, Eduardo Mendoza y Xuxa. Nos hemos desarrollado con todo tipo de mierdas y maravillas alrededor, y nos hemos convertido en las mujeres maravillosas o desastrosas, según quién y cómo lo mire, que somos hoy.

Siempre parece que voy a decir algo y al final no digo nada, ¿eh? Pues esa es la magia de mi melena, la capacidad de ver los completos, lo bueno y lo malo, la duda, que me ha regalado mi educación diversa y no controlada. Así que, después de todo este rollo, AHORA SÍ QUE LO DIGO, creo que voy a dejar al alcance de mi hijo (casi) todo mi mundo de referencias culturales para que él decida cuáles le encajan y cuáles no, que no voy a encerrar en una sola lista lo que quiero que escuche, que me voy a mostrar ante él con todas mis aristas (las que vaya pudiendo conocer en función de su edad) y que ya veremos con lo que se queda, cómo lo metaboliza y si termina siendo un kinki heroinómano o un premio Nobel de Literatura. Que no digo yo que sean excluyentes.

 

“Dadme una docena de niños sanos, bien formados, para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger —médico, abogado, artista, hombre de negocios y, sí, incluso mendigo o ladrón— independientemente de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados”.

(John B. Watson).

* Les asturianes feministes estames invandiéndole tode.

No hay comentarios

Enviar un comentario