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Cómo destetar a un bebé por las noches

Entonces, quedamos en que tú ya has vuelto a trabajar. O no, da igual, el caso es que llevas más de seis meses de lactancia ininterrumpida y ya estás sintiéndote escombro (por) de más. Echas de menos descansar tres horas del tirón, dormir con las orejas blandas, encucharar a tu churri o espatarrarte, según. Te empiezas a plantear si no estará siendo demasiado, si no estarás promoviendo una dependencia exagerada de bebé hacia ti, si no es hora ya de que deje de jalar por la noche, que ya se mete sus buenos chuletones triturados. Esto ha de ser vicio –te dices- a ver si le voy a volver gilipollas. De día, pase, pero las noches ya… Mira, no. Mami no puede más, te da de día, ¿vale?

Con la mancha de la culpa en la solapa

Te empiezas a informar sobre cómo hacer el destete nocturno del bebé. Lees todo lo que encuentras por internet, escondes tus libros de Carlos González, pides cita con el/la pediatra y, con todos los consejos, te dispones a pasar la primera noche sin teta. Llena de ilusión y de miedo, con bajas expectativas y grandes esperanzas, te lanzas. ¿Y qué pasa?

Pues os voy a contar cómo hacer el destete nocturno, en particular, de un bebé de alta demanda. Bueno, cómo lo hice yo. Por si os sirve:

  1. Que fartuque bien. Intenta que cene bastante, su purecito o sólido (lo que tome de alimentación complementaria) y una buena toma de leche.
  2. Su rutina de sueño, imprescindible. Lo que sea que hagáis antes de dormir para bajarle revoluciones: el bañito, el libro, el masaje…
  3. Aleja a la fiera. Nosotros dormíamos con Nico en nuestra cama o en la cuna pegada a la cama (primero abierta, luego cerrada), pero siempre a mi lado. Para lograr esta hazaña, nos cambiamos de sitio: el padre de Nico se puso a su lado y yo en la otra punta del lecho conyugal, con la idea de que el cachorro no me oliese. En caso de que tuviese mucho mono, siempre podría amorrarse al pezón peludo de papi (#crianzarespestuosa).
  4. Biberoncito con agua. Según nos explicó la pediatra, es conveniente tener un bibe con agua al lado de la cuna para dárselo cuando llore. Por supuesto, se encarga el padre. Dulce momento revenge, amiga.
  5. Y a dormir.

En teoría, poco a poco se iría acostumbrando a que le quites la leche, a comer suficiente durante el día y, si se despierta, beber un poquito de agua y seguir durmiendo.

A nosotros nos funcionó muy bien. Os cuento:

Para empezar, tardamos como 5 meses, porque él nunca dejó de llorar, en alejarle de mi teta nocturna. Yo necesitaba dormir, aunque fuese de forma interrumpida, así que al final le decía a su papá “anda, mételo aquí”. Y, día tras día, el plan inicial quedaba abortado al segundo o tercer despertar histérico de la noche. Nico, fatal. Yo, fatal. Padre, fatal.

Una vez me cansé por encima de mis posibilidades, compré leche de fórmula. Sí, amiga. Prácticamente pensaba que le estaba envenenando. El fondo de mi corazón se llenó de cemento, pero no podía más. Así que empezamos a darle la última toma del día en biberón. De este modo, ingería el doble (cálculo random) que en la teta. Y en mitad de la noche, bibes también. Y, por la mañana, teta de nuevo. Y así estuvimos otros cinco o seis meses.

Y después de eso, con bebé despertándose igualmente 3 o 4 veces por noche para comer, con un 98 de percentil y un litro de leche entre pecho y espalda por jornada de sueño, tuvimos que abordar el momento DESBIBERONE. En el que aún nos hallamos (16 meses hoy).

Así que, mirando atrás, con la sabiduría que sólo da la experiencia, si tuviese que volver a hacerlo, cambiaría:

  1. De hijo. Mi bebé es alta demanda. Haga lo que haga, me necesita. Si no le doy teta, le voy a tener que dar bibe. Quiere succión. Quiere abrazo. ¿Realmente me ha ayudado a dormir darle bibe? Not. ¿Y a él? Tampoco. Así que, si quiero dormir y dormir rápido, más me vale pasar página con Nico, dejarlo con los abuelos 10 o 15 años y centrarme en intentar concebir un segundo que me salga más facilito.
  2. De asesores/as. Porque todo lo que me dijeron no funcionó con Nicolás. O conmigo. O con mi pareja. Es muy fácil decir ahora que tenía que haber seguido mi instinto, que nadie conoce a mi bebé como yo. Aunque es verdad. Pero es que lo tercero que cambiaría, entonces, es
  3. De instinto. Porque mi instinto de madre, en concreto, disfruta con el dolor, es masoquista, una hermanita de la caridad que sólo piensa en el bien de la criatura y para mí, la otra mejilla, la otra, otra más, hasta diez, cien, chopomil millones de mejillas, que tú eres madre y eres fuerte, a tope, todo por tu hijo, buah, qué subidón, tú no tienes necesidades, revienta, vamos, que ya verás qué microbiota y qué seguridad en sí mismo tendrá tu hijo de mayor, cuando tú estés caminito de Mingorrubio POR NO HABERTE CUIDADO UNA MIERDA. Así que, querido instinto, a veces, ¡chhssss!, pero es que yo soy mayor y tengo queChssss, pero es que el pobre bebé neceCHSSSSasss, pero es que a ti cuando eras pequeCHSSSSSS. YA.

En definitiva

Que hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Yo asumo que nunca voy a dejar de intentar planear escenarios mejores, aunque me equivoque, aunque luego mire atrás y me dé cuenta de que lo único que podía hacer era darle tiempo al tiempo. Porque, en el momento, quieres sentirte mejor, necesitas sentirte mejor, y buscas salidas a la desesperada: juntarte más a bebé, separarte más de bebé, agüita, bañitos, canciones, mdma con anís del Mono y un pizquín de Coca-Cola Zero… Lo que sea.

Lo que estoy aprendiendo es que no hay soluciones rápidas, al menos con mi hijo. Al menos en mi maternar. Y eso, querida amiga, esa paciencia y esa perspectiva, es un regalo increíble que, al menos a mí, sólo me ha logrado dar la maternidad.

Si estás tratando de dar un paso más en algo con tu bebé y no responde como quisieras, a mí me resulta un pensamiento bastante liberador el asumir que todo está bien, que todo sigue su cauce, que cada niño tiene un ritmo de maduración, que unos duermen antes y otros después, unos hablan antes y otros después, unos corren en nueve meses y a otros les pesa el culo hasta para hacer caca con año y medio, que unos necesitan más teta y otros menos, que no todo depende de lo que tú hagas. Y que las soluciones intermedias a veces son buenas, aunque no resuelvan del todo el problema. Si se te ocurre algo que te ayude a dormir cinco minutitos más, aunque sea pan para hoy y hambre para mañana, que le jodan al mañana, que además no existe. Y, de paso, que le jodan también a mi vecina perfecta a la que todo le va genial, que si no lo digo, reviento.

Cada bebé tiene su ritmo, cada familia su cadencia, y resulta agotador comparar tu experiencia con la de otras, porque, en general y salvo  alarmante cuadro de munchausen by proxy, lo que haces, pruebas y buscas está BIEN. Aunque de este particular me gustaría hablar en otro momento:  ¿realmente todo lo que haga una madre está bien por el hecho de ser de madre? ¿Y si eres una hijadeputa? Bueno, que me lío.

Besines, y si te sabes algún truqui, comparte, por favor.

 

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